10.14.2011
Unos cuantos micros para pasar el rato...
Balanza
Mataba a tanta gente en sus ficciones a diario que, para compensar, decidió perdonar la vida a las hormigas del cuarto de baño.
Terror
- Todo el mundo teme algo - insistió él por encima de la carpeta blanca.
- ¿Qué temes tú? - preguntó la mujer con aire ausente.
- Muchas cosas - musitó él - Perder mis recuerdos, por ejemplo. ¿Qué hay de ti? - volvió a preguntar tras una breve pausa.
-Temo poder volverme loca y darme cuenta de ello - dijo en un susurro.
Por un momento, la mirada de él se nubló por las lágrimas. Cada vez se le hacía más difícil verla atada a la camisa de fuerza cuando la visitaba.
Sueño
Ven, ven a mí. Te estoy esperando. No puedo vivir sin ti.
Paso las horas esperándote, segura de que, al fin, vas a acudir a mi lado. Pero no lo haces, y lloro de desesperación y cansancio. No puedo pensar, no puedo comer, si no vienes a mí.
El mundo se vuelve un lugar borroso, oscuro y confuso mientras te espero. Y repito, una y otra vez, en un susurro lastimero: ven a mí, por favor. Lo único que necesito es dormir un poco.
Cadena alimentaria
Me hice un bolso con la piel, adorné mis zapatos con su lustroso pelo, elaboré un collar de cuentas con pendientes a juego con sus dientes, y un móvil que repiqueteaba al ritmo del viento con sus huesos.
La carne, se la eché a los cerdos; no iba a desperdiciar a un humano entero solo para beberme su sangre.
Steampunk
Hartos del tiempo, destrozaron los relojes. Con lo que salió de su interior decoraron la fiesta.
Tiempo
Cancelaron el ayer, así que, a partir de ahora, tendremos el doble de trabajo.
6.01.2011
Micros exprés
Y no poder
Quiso correr, escapar del lugar en el que la retenía, pero sus piernas se rindieron a medio camino.
Luego quiso arrastrarse, pero los brazos le dolían y las fuerzas terminaron por abandonarla.
Quiso gritar, y la voz se ahogó en su garganta; quiso llorar, pero no le salieron las lágrimas.
Cuando él la encontró, quiso rogarle piedad, pero no encontró las palabras y, al sentir las cuchilladas penetrar en su piel, ordenó a su sabgre que se quedara donde estaba. Pero no le hizo caso.
Y al final, cuando sintió el dolor que la invadía y la desgarraba, deseó que su corazón se detuviese de una vez por todas. Sin embargo, decidió seguir latiendo.
Pacto
"No se puede tener todo" le dijo la bruja al diablo al descender de la hoguera.
Satanás la miró de arriba abajo con una mueca de disgusto mientras veía su vieja alma ranquear hasta la puerta del Hades, inexplicables decenios después de haber firmado el infame pacto.
Deseo de infancia
Una cara feliz e iluminada y, en ella, una sonrisa deslumbrante. Unos ojos vivos, emocionados, intensamente azules en contraste con un pelo rubio, rizado y brillante. Los brazos estirados, los puños apretados de pura excitación. Las piernas desnudas, blancas, de piel suave y delicada, y los pies inmersos en un charco de sangre.
Me mira y su sonrisa se ensancha un poco más.
"Siempre había querido unos chapines de rubíes" me dice emocionada.
5.11.2011
De manos
Fui
a muchísimos colegios cuando era un niño. Supongo que de ahí viene mi desarraigo. Pero, fuera donde fuera, siempre había algo que no podía soportar y eran aquellas maestreas, no todas, sino las jóvenes, guapas, vestidas de marca, con maridos igual de jóvenes y con trabajos de títulos rimbombantes, que sólo eran profesoras para no decir que eran amas de casa. Aquellas mujeres, que no sentían ninguna pasión por la enseñanza, que se levantaban dos horas antes de ir al trabajo, no para corregir exámenes de los alumnos (en el margen de los cuales siempre ponían caritas de humor acorde con la nota), sino para pintarse y maquillarse, para reconstruirse una cara que no tendría que haber necesitado reconstrucción.
Las odiaba. Las odio. No hay nada que pueda hacer al respecto.
Lo que más detestaba de ellas, sin embargo, eran sus manos. Aquellas manos suaves y delicadas, prueba fehaciente de que, para ellas, el trabajo era algo que sucedía a los demás. Aquellas uñas, a veces postizas, a veces naturales, pero siempre demasiado largas y bien limadas, siempre decoradas con toda clase de motivos o lacadas de colores que debieran de haberse abolido, siempre demasiado cercanas. Odiaba el roce de aquellas extensiones espantosas, el ruido que hacían al repicar en la mesa cuando esperaban a que acabáramos la tarea o el examen, el chirrido horripilante que proferían al deslizarse por la superficie de la pizarra cuando estaban enfadadas.
Aquel tipo de maestras fueron siempre mi pesadilla, la razón de mi desilusión hacia la vida y hacia la enseñanza. Aquellas manos de uñas imposibles, repugnantes y anormales me martirizaron en sueños y en vela durante todos los años de mi niñez.
Supongo que es por eso que ahora, después de acabar con ellas, conservo esa parte de su cuerpo para mi colección.
Marcos y Núria se conocieron en terapia. No se parecían en nada, salvo en el severo trastorno que les había llevado hasta allí.
Núria era una chica mona, un poco pija, de buena familia y bastante estudiosa. No le gustaba ningún tipo de música en especial, ni ningún tipo de cine en especial, ni ningún tipo de libro en especial, por mucho que saliera de fiesta, fuese al cine o leyera en casa. Simplemente, se dejaba llevar por lo que elegía la mayoría. Y era completamente feliz con ello. Marcos, en cambio, era un espíritu libre, un freak, como solían llamar a este tipo de chicos las amigas de ella. Iba tatuado de pies a cabeza, llevaba ropa pasada de moda, o a la que la moda jamás había considerado, tenía gustos muy específicos en cuanto a todas las artes y no toleraba que nadie le dijera qué debía hacer ni cómo debía comportarse.
Lo suyo no podía funcionar de ninguna manera, ni en este universo ni en cualquiera de los otros ocho universos alternativos que Marcos sabía que existían y que Núria negaba con las cejas arqueadas. Sin embargo, sólo ellos dos podían comprender el asco que sentía el otro ante la idea de tocar su propia ropa sucia o por qué se lavaba las manos hasta que se le despellejaban. Y eso, en aquél momento de sus vidas, era lo que importaba.
José no sabía lo que era; de hecho, jamás hubiera llegado a la conclusión, él sólo, de lo significaba en realidad. Por suerte, el padre Victorio era un alma buena y caritativa, y le estaba ayudando.
Él decía que era una bendición, una señal de la grandeza de Dios, un auténtico milagro. José, como siempre, no sabía encontrar las palabras. Le decía al padre que, a veces, era como si la mano no le obedeciera, como si actuara por su propia voluntad. Entonces el padre Victorio le cogía por el hombro y le llamaba hijo y le decía que, si no tenía voluntad sobre su mano, era porque ésta estaba dominada por un poder superior.
¡Pero cuidado! Porque el diablo, el gran enemigo, el perfecto embaucador, Satanás, estaba siempre al acecho y podía aprovecharse de su débil voluntad. Por eso el padre Victorio consideraba una bendición el haber sido el primero en tener noticia de esa circunstancia, pues él y sólo él podía guiarle por el camino de la verdad y hacer que su mano, que no le obedecía, sirviera a los propósitos de Dios.
José iba a dejar de torturar a animales en el bosque y se encargaría de la voluntad del señor, que convenientemente descifraría el padre Victorio. De los cuerpos, también iba a encargarse él.
4.27.2011
Hoy es el día del fin del mundo... ¿has quedado?
Después de facebookearlo, twittearlo, mandar mails y salir a la calle a gritar la dirección letra por letra, dejo aquí también el link para que podáis votarlo (si os gusta, o si no os gusta pero vuestro amor por mí os nubla el juicio), del 30 de abril al 8 de mayo. En las bases pone una votación por persona y día, con lo que presumo que se puede votar una vez cada día todos los días (ehem ehem) XDD
Nada más por hoy, entonces, que el link que os he prometido: En la gran pantalla.
¡Hasta más leer!
4.18.2011
Versículos prohibidos
Espero que lo disfrutéis si decidís echarle una ojeada, cosa que sin duda os recomiendo :)
A la carga, entonces, que en la vida no se puede uno parar a mirar las musarañas, o se le pasan todos los trenes, por muy tarde que vayan siempre.
